domingo, 16 de diciembre de 2012

A investigar, escribe Santiago González

La raza degenera. Si uno se pone a comparar la reacción de Pujol en 1983, cuando un fiscal inició los trámites para empapelarlo por Banca Catalana con la que 30 años más tarde han tenido sus continuadores -Mas en la Generalitat y Oriol, carne de su carne, en las cosas del partido- se ve que no hay color.
Aquello fue épico. La querella del fiscal se resolvió en las elecciones del 29 de abril de 1984 con la mayoría más mayoritaria que, con perdón del pleonasmo, haya tenido nunca CiU, 46,8% de los votos y 72 escaños.
La investidura se produjo el 30 de mayo. Ya president, Jordi Pujol encabezó una manifestación que, a los sones de Els Segadors, tenía algo de tedeum, un poco de acto de desagravio y una nota épica: Ara es l’hora, segadors, era la consigna que Albert Boadellaadaptó en su relato de aquel momento histórico: «Al grito de ara es l´hora, catalans, que en cristiano viene a ser maricón el último, se lanzaron sin piedad al asalto del erario público…». Pujol valoró el momento, circunspecto y solemne: «El Gobierno central ha hecho una jugada indigna y ahora debe saber que con Cataluña no se juega».
La épica se ha marchitado y el intento de revivir aquellas glorias, 28 años después, se ha
resuelto en melancolía. «Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos», escribióNeruda. Los Pujol tampoco lo son y su autoidentificación con Cataluña ya no funciona igual. La sinécdoque también lleva ahora código de barras y fecha de caducidad, aunque el joven Pujol la ha invocado para descalificar la denuncia que Javier de la Rosa ha hecho ante la Udef de que él ayudó al senior a abrir cuentas en Suiza en 1991, para lo que llevó hasta su despacho de la Generalitat al banquero suizo Thierry Lombard. También ha denunciado ser víctima de amenazas. Son calumnias, ha dicho, y tiene razón, exceptio veritatis, naturalmente, salvo que sea cierto.
¿Lo es? La denuncia es un hecho que debe investigarse y los Pujol deberían querellarse contra el otrora empresario modélico, no por su testimonio sobre la apertura de cuentas, que no es delito, por lo que no puede dar lugar a calumnia, sino por las amenazas.
Hay algunos datos que suscitan dudas, en caso de que la lógica tenga aún predicamento en estos tiempos. Si yo fuera Pujol, una de las últimas cosas que haría sería citarme con De la Rosa en sitio tan público como una cafetería de Barcelona, precisamente en los días en que el asunto del borrador sobre las cuentas está en boca no ya de toda Cataluña, sino de toda España.
¿A quién creer en casos como éste? A quien diga la verdad, pero la declaración del testigo es un hecho, por lo que esperaremos a que la Udef haga su trabajo y lo lleve al juez.
«¿Alguien piensa que parando a una persona singular en concreto pararían un proceso que se ha iniciado en Cataluña?», se pregunta Oriol Pujol, y ante el caso que nos ocupa es una pregunta retórica. Si esto y lo del caso Campeón fuera verdad, como parece por las escuchas, y los casos Pallerols y Pretoria acaban como parece, y todo lo que cuelga, la búsqueda de la independencia de los dirigentes catalanes, no sería tanto una vocación política como un móvil para alcanzar la bendita, inmune extraterritorialidad.
Santiago Gonozález